
Yago tenía ilusión y su ilusión era más que conocida, él quería ser rey mago.
No hay cosa que le gustara más que hacer feliz a los demás."Si existiera la carrera de "payaso" o doctor en risa, te aseguro que esa sería mi carrera" decía siempre, y ¿quien hace más feliz a la gente que un rey mago?.
Siempre que mencionaba su sueño a algún amigo se reían de él. Pero no le importaba, no olvidemos que Yago era una persona luchadora y por tanto se llevó casi toda su juventud buscado la forma de convertirse en un rey mago. Y digo "casi toda su juventud" porque Yago se encontró con algo que le hizo aparcar su sueño. Y ese algo, Emili. Sí con "i" latina. extravagancias de su madre que le gustaba el nombre pero no la "i" griega.
Yago se enamoró de Emili y se dedicó a hacerla feliz a ella. La animaba, le hacia bromas y por supuesto hacía el tonto sólo y exclusivamente para que Emili, riera. Pues "un segundo de su sonrisa, era más que suficiente para alumbrar una noche", como él decía.
Emilí, le encantaba Yago, lo que más le gustaba de él, era su afán por soñar. Tenía una potencia soñadora tan fuerte que podía llevarte con el a lugares desconocidos sólo con sus palabras. Pero le apenaba el hecho de que Yago, aunque seguía soñando, ya no soñaba con aquella corona mágica con la que convertirse en rey , un rey que hiciera feliz a niños de todas partes, un rey mago.
Yago, a veces sentía como aquella parte de sí mismo lo llamaba pero la realidad lo devolvía a lo que debía ser. ¿y que demonios? al menos, Emili, seguía en esa fría y seria realidad que entre los dos la pintaban de vivos colores.
Pero Emili, tenía un plan para convertir realidad el sueño de su soñador. Una noche, después de muchos años, Emili le preguntó si quería ser padre. Yago sonriendo sin darse cuenta asintió.
Ser padre le parecía un regalo mucho más grande que ser un rey mago. ¿y quien sabe? puede que su hijo si llegara a serlo.
Pasaron los meses y nació Cecilia. su hija. Emili sonreía a su ya entonces marido y Yago le respondía con la misma sonrisa.
Pero Emili, tenía un plan para convertir realidad el sueño de su soñador. Una noche, después de muchos años, Emili le preguntó si quería ser padre. Yago sonriendo sin darse cuenta asintió.
Ser padre le parecía un regalo mucho más grande que ser un rey mago. ¿y quien sabe? puede que su hijo si llegara a serlo.
Pasaron los meses y nació Cecilia. su hija. Emili sonreía a su ya entonces marido y Yago le respondía con la misma sonrisa.
--¡será la primera reina maga!-- dijo Yago radiante.
--bueno --contestó Emili-- pero antes tendrá un rey mago propio que le enseñe cada seis de enero, la magia, la ilusión y la persistencia de quien sigue los sueños--
Yago no entendió que quería decir Emili, hasta que vio la cara de su hija llena de ilusión al verlo vestido de rey mago por primera vez (daba igual cual fuera) y llevándole los regalos sin que Cecilia lo reconociera.
Luego el volvía de una de las habitaciones y se hacía el tonto maldiciendo el haberse perdido al rey mago.
--¡¡papa!! ¡no sé como te lo has podido perder, si es tu ilusión!--
Y lo era, lo es y lo seguirá siendo. Todos los cinco de enero por la noche o los seis por la mañana, Yago se convertía en un rey mago y mientras le daba los regalos a Cecilia y más tarde a David. miraba con el rabillo del ojos a Emili quien le sonreia pues sabia que entre la barba o el betún, se dibuja el "gracias" más grande y sincero que Yago decía cada año.
A mi padre, que me ha hecho sentir como siento y soñar como sueño.
Felices reyes
Di.